En la temporada de lluvias intensas de este año, varios barrios del Gran Tucumán volvieron a quedar bajo el agua, reavivando el debate sobre la capacidad de la infraestructura hídrica de la provincia para enfrentar la corriente del Niño.

Historia y estado actual de la red de drenaje

Los canales y desagües que sirven a la capital y su área metropolitana fueron construidos entre principios del siglo XX y la década de 1970, a partir de un plan rector de 1960 que dio origen a obras como los canales Sur, San José, Caínzo‑Las Piedras y Yerba Buena. En aquel momento, gran parte del piedemonte del cerro San Javier estaba dedicado al cultivo de caña de azúcar, lo que permitía absorber alrededor del 80 % del agua de lluvia. Con el paso del tiempo, el cambio a cultivos de cítricos redujo esa absorción al 60 % y la expansión urbana posterior la ha dejado en un 20 % o menos.

El sistema sigue esencialmente sin cambios significativos; la única novedad reciente es el canal San Luis, construido por Yerba Buena, y un plan municipal para un nuevo drenaje en el noroeste de la ciudad.

Problemas de gestión y coordinación

El texto señala que la falta de políticas integradoras obliga a municipios como San Miguel de Tucumán, Yerba Buena, Banda del Río Salí, Las Talitas, Tafí Viejo, Alderetes y Lules a operar de forma aislada, aunque la vida cotidiana de los habitantes atraviesa esas fronteras. Esta desconexión se traduce en situaciones críticas, como la inundación de Los Chañaritos cuando el canal Sur se desborda, aunque la precipitación haya caído en otro sector.

Según la fuente, culpar exclusivamente al clima y a la corriente del Niño por las inundaciones es una visión limitada; la raíz del problema radica en una infraestructura desactualizada y en la ausencia de una gestión coordinada entre los distintos gobiernos locales.