Sergio Fabián Montero, popularmente llamado Pachu, fue encontrado sin vida este miércoles en su domicilio, a la edad de 60 años, según informó el diario El Día. Durante décadas, el artista callejero transformó las veredas de las calles 8 y 12 en el centro de La Plata en su escenario, convirtiéndose en una presencia constante para los transeúntes.
De la noche platense a la estatua callejera
Joven, recibió el apodo de Pachuli tras una anécdota con perfume de pachulí que llamó la atención de un comisario. En los años 80, se introdujo en la vida nocturna de la ciudad organizando fiestas, llegando a ganar alrededor de mil dólares semanales, y estudió piano en el Conservatorio Gilardo Gilardi. Sin embargo, una experiencia con cocaína marcó el comienzo de una profunda adicción que lo llevó a perder sus bienes y a pasar por centros de rehabilitación.
En la década de los 90, trasladado a Mar del Plata, comenzó a ejercer como artista callejero bajo el nombre de Valentín, el Muñeco Viviente. Con la ayuda de una carta de un obispo y el modelo de la artista Daniela Bocaccio, adoptó la figura de la “estatua viviente”, vistiendo túnicas blancas y usando maquillaje de óxido de zinc, vaselina y talco.
La Estatua como marca personal y herramienta de lucha social
De regreso a La Plata, la figura inmóvil de Pachu se instaló en la puerta de la Galería Rivadavia y, posteriormente, en la calle 12, donde permanecía desde la mañana hasta la tarde, según la temporada. Más allá de la quietud, interactuaba con el público: hacía comentarios, regalaba pequeñas estrellas de madera y chupetines, y a veces generaba roces por sus chistes polémicos.
Su presencia trascendió lo comercial y pasó a formar parte de movilizaciones, actos públicos y reclamos de justicia. La Estatua apareció en fotografías de manifestaciones y, en 2019, Pachu se postuló como candidato a concejal, reivindicando la recuperación de la calle 8 como espacio cultural y la defensa de los artistas callejeros.
En sus entrevistas, recordaba que la transformación en la Estatua le había permitido “ganarle a ese ser maligno que era Pachuli”. Su vida estuvo marcada también por la pérdida de su hija Abril en 2024 y por episodios de conflicto con la autoridad, como una detención de 48 horas tras una broma televisiva.
El legado de Pachu queda grabado en la memoria de los platenses que, durante años, lo vieron como una postal inevitable, una fuente de sonrisa o, en ocasiones, una incómoda provocación.



