En Argentina el Día de la Madre se festeja el tercer domingo de octubre, una fecha que se consolidó después de varios intentos y propuestas a lo largo del siglo XX. El proceso parte de la iniciativa estadounidense de Anna Jarvis, quien en 1908 organizó la primera celebración el 10 de mayo, distribuyendo claveles blancos en honor a su madre.
Primeras celebraciones en territorio argentino
En los primeros años del siglo pasado la fecha se mantuvo en mayo. La Asociación Cristiana de Jóvenes, antes de 1917, promovía reuniones familiares con discursos, música y la entrega de flores blancas y tarjetas. En 1918 el Ejército de Salvación organizó conferencias en barrios porteños y, al año siguiente, invitó a los hijos a llevar una flor blanca como símbolo de reconciliación y agradecimiento, diferenciando entre flores blancas (madres fallecidas) y encarnadas (madres vivas). El Club Argentino de Mujeres, siempre en mayo, premiaba a madres de familias numerosas con dibujos, cartas o prendas confeccionadas en casa. Simultáneamente, la asociación Cantinas Maternales celebraba su propio Día de la Madre en Navidad, distribuyendo alimentos y ropa a mujeres necesitadas.
El giro hacia octubre
En 1931 el papa Pío XI extendió a toda la Iglesia la festividad de la maternidad divina de María, fijando el 11 de octubre como día de la Virgen. Aunque la tradición atribuye al presidente José Félix Uriburu la decisión de trasladar la fecha argentina a octubre, no se halló documentación oficial que lo respalde.
El cambio decisivo ocurrió en octubre de 1941, cuando el Club de Madres de Buenos Aires organizó una “Semana de la Madre” del 13 al 19 de ese mes. Su presidenta, Lucía Birabén de Hylton Scott, propuso que los hijos saludaran a sus madres al despertar, les escribieran cartas, les ofrecieran pequeños obsequios y las eximieran de sus tareas habituales. La propuesta se centró en la vida familiar y se extendió también a los hijos adultos.
Con el paso de los años, la celebración del tercer domingo de octubre superó al segundo domingo de mayo y a la fecha navideña, convirtiéndose en la costumbre predominante. La iniciativa del Club de Madres de 1941 mantiene vigente la idea de dedicar un día al año para agradecer a las madres el amor y la dedicación recibidos a lo largo de sus vidas.



